En 19 y 58, las cámaras de seguridad permitieron identificar a un motociclista que acumulaba graves infracciones: ruidos molestos, maniobras peligrosas y participación en picadas. Gracias al seguimiento de los equipos de control, ayer se logró el secuestro del vehículo. Este caso refleja los operativos diarios para prevenir accidentes en la ciudad.
Sin embargo, hay una realidad que nos involucra como comunidad. Muchas veces los infractores son menores de edad y, tras el secuestro, sus propios padres les compran otra moto. La prevención exige responsabilidad familiar. No alcanza con retirar un vehículo de la calle si vuelve a ponerse en manos de quien ya demostró que no está preparado para conducir.
