El segundo robo sufrido en menos de seis meses en la Capilla del Rosario volvió a generar preocupación en la comunidad parroquial de Colón. Sin embargo, lejos de responder con un mensaje de enojo o venganza, el párroco Ricardo llamó a reflexionar sobre las causas que originan estos hechos y se mostró dispuesto a ayudar a quienes los protagonizaron.
“La verdad que lo tomamos con tristeza porque nos cuesta muchísimo mantener todo lo edilicio. Estamos haciendo un gran esfuerzo para reparar el techo, arreglar un pozo ciego y mantener la capilla en condiciones. Todo esto no es para una persona en particular, sino para el barrio”, expresó.
El sacerdote recordó que la Capilla del Rosario es mucho más que un lugar de culto. Allí se celebran bautismos, comuniones y encuentros de catequesis, pero además funciona un importante centro de actividades sociales. Durante más de dos décadas el salón fue sede de un anexo de educación para adultos, también se desarrollan talleres, apoyo escolar y desde allí se organiza la “Noche de la Caridad”, iniciativa que prepara unas 400 viandas para personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
“No somos una parroquia con grandes recursos. Todo se sostiene con el aporte de la comunidad. Ahora tenemos que destinar dinero para reparar el portón que rompieron, cambiar cerraduras y volver a comprar los mecheros que se llevaron. Son fondos que dejan de utilizarse para ayudar a quienes más lo necesitan”, lamentó.
El sacerdote explicó que en febrero habían robado las garrafas con las que cocinan y que, tras reforzar la parte trasera del edificio, en esta oportunidad los delincuentes rompieron el portón principal y se llevaron los mecheros.
Aun así, aseguró que no pretende quedarse únicamente en la denuncia del hecho.
“Yo no quiero hacer un juicio ni condenar a nadie. Estoy dispuesto a darles una mano a esos chicos. Una persona que hace estas cosas está necesitando ayuda. Los invito a venir, a hablar. Tenemos que encontrar la forma de acompañarlos para que puedan cambiar”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que detrás de estos episodios existe una problemática mucho más profunda.
“Muchas veces la primera víctima es la propia familia de quien roba. He conocido casos de jóvenes que les roban a sus propios padres por problemas de adicciones. No justifico lo que hacen, pero creo que como sociedad tenemos que preguntarnos cuáles son las causas y trabajar para darles una oportunidad.”
Ricardo advirtió además que estos hechos ponen en riesgo el funcionamiento de un servicio solidario que moviliza a unas 60 personas voluntarias cada mes.
“Sería una pena que por culpa de tres o cuatro personas se termine perjudicando una asistencia que beneficia a cientos de familias. Nosotros vamos a seguir adelante, pero necesitamos que la comunidad nos ayude.”
Finalmente, convocó a los vecinos a colaborar cuidando la Capilla del Rosario y dando aviso ante cualquier situación sospechosa.
“Somos comunidad. Tenemos que estar atentos a quienes están quedando al margen y tenderles una mano antes de que sea demasiado tarde. Esa es la mejor manera de construir una sociedad más justa y evitar que estos hechos se repitan.”
