El conflicto en la empresa avícola Granja Tres Arroyos entra en una etapa decisiva, con una reestructuración que deja al descubierto la tensión entre la necesidad de sostener la actividad y el deterioro de las condiciones laborales.
Desde este 13 de abril, la firma puso en marcha un esquema de semana laboral reducida a cuatro días, eliminando la faena de los lunes. Esta decisión implica, en los hechos, una baja directa en los ingresos de los trabajadores, ya que ese día no trabajado será abonado de forma parcial y bajo modalidad no remunerativa (al 65%), un punto que genera fuerte rechazo en las bases.
Si bien la empresa accedió a pagar los tres días de paro, la propuesta global se inscribe dentro de un proceso preventivo de crisis, presentado ante la Secretaría de Trabajo. En ese marco, la compañía argumenta la necesidad de reducir costos para sostener su funcionamiento y evitar un escenario más crítico.
Sin embargo, del lado de los trabajadores el panorama es complejo. La oferta —aunque resistida— se encamina a ser aprobada en asamblea, principalmente por el temor a nuevos despidos. Esto marca un escenario donde la negociación no se da en igualdad de condiciones, sino bajo presión económica y laboral.
El eje del conflicto pasa por dos cuestiones centrales:Pérdida salarial encubierta, al aplicar sumas no remunerativas que no impactan en aportes ni futuros beneficios. Reducción de la actividad productiva, que podría anticipar un ajuste más profundo si la situación no mejora.
En síntesis, lo que aparece como una salida transitoria para la empresa, para los trabajadores representa un nuevo retroceso en sus condiciones laborales, aceptado más por necesidad que por consenso.
