Los trabajadores del transporte de cargas de la región lograron un principio de acuerdo que permitió levantar las medidas de fuerza y retomar la actividad, aunque el resultado dejó un fuerte sabor a disconformidad en el sector.
El conductor local José Luis Ortega explicó que el entendimiento alcanzado estuvo lejos de las expectativas: “Fue un arreglo, conforme no, para nada. Estamos complicados con el sistema, pero había que salir a trabajar sí o sí. No es lo que pretendíamos, pero es lo que se pudo conseguir”.
El conflicto, según detalló, se originó en el retraso de la actualización de tarifas frente al fuerte aumento de costos, especialmente del combustible. “La tarifa se va desactualizando porque se acuerda dos o tres veces al año como máximo, y este año en marzo hubo un desfasaje total. El combustible subió mucho y así se hace imposible trabajar”, remarcó.
Ortega también señaló que la problemática no se limita a una sola empresa, sino que es generalizada en el sector: “Todo el mundo quiere pagar menos de lo que corresponde. El conflicto no es solo con una firma, es con las plantas en general”.
Otro punto crítico es la competencia externa durante los conflictos. “Siempre aparecen camiones de otras zonas que se llevan la carga. Nosotros estamos trabajando a pérdida y no sabemos cómo otros pueden hacerlo más barato”, indicó, al tiempo que reconoció que no pueden impedirlo debido al esquema de libre contratación vigente.
En este contexto, los transportistas se vieron obligados a aceptar condiciones que consideran insuficientes, priorizando no perder la cosecha: “Tendríamos que haber conseguido al menos un 20% más para estar en un número correcto, pero era imposible. Si no trabajamos, el cereal se va a otro lado”.
La crisis también impacta en el estado del parque automotor. Ortega advirtió un deterioro progresivo de los camiones por la falta de rentabilidad: “Se van quedando sin cubiertas, se usan hasta el final. Hoy una goma cuesta entre 500 y 850 mil pesos, y un camión lleva unas 18. Es un costo altísimo”.
Finalmente, anticipó que la situación dista de estar resuelta: “Esto en un par de meses seguramente va a generar otro movimiento. Pero por ahora necesitamos trabajar, no se puede aguantar más”.
El acuerdo alcanzado permite descomprimir momentáneamente el conflicto, pero deja en evidencia un problema estructural que continúa afectando a los transportistas y que podría reactivarse en el corto plazo.
