El lunes, en el Concejo Deliberante, se llevó a cabo el acto oficial por los 50 años del golpe militar, una jornada cargada de emoción, reflexión y compromiso colectivo. No fue solo un ejercicio de memoria, sino un llamado urgente a sostenerla viva en el presente. En cada intervención resonó con fuerza la ausencia de quienes ya no están, pero también la responsabilidad indelegable de quienes sí: mantener encendida la memoria como una práctica activa y cotidiana, lejos de toda mirada estática o meramente conmemorativa.
Recordar implica asumir un posicionamiento. No se trata únicamente de evocar el pasado, sino de comprenderlo en su dimensión más profunda, reconociendo el dolor, las heridas abiertas y las consecuencias que aún atraviesan a la sociedad. En ese sentido, el acto se transformó en un espacio de encuentro donde la memoria se vinculó directamente con la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos.
En ese marco, varios de los presentes, encabezados por el intendente municipal Waldemar Giordano, participaron de la colocación de una ofrenda floral en el monolito ubicado en bulevar 50 entre 17 y 18, sitio que recuerda a las víctimas de aquel proceso oscuro de la historia argentina. El gesto, cargado de simbolismo, renovó el compromiso de la comunidad con la verdad, la justicia y la memoria.
La democracia no es un legado que se recibe intacto ni garantizado. Es una construcción permanente que exige cuidado, participación y defensa activa frente a cualquier intento de vulneración. En ese espacio, la memoria dejó de ser un acto del pasado para convertirse en un compromiso del presente, una herramienta indispensable para fortalecer la convivencia democrática y evitar que el horror vuelva a repetirse.
También hubo vecinos que auto combocándose estuvieron en la Plaza recordando lo ocurrido hace 50 años dejando testimonios como los pañuelos blancos y una Bandera Argentina.
